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Reparto a comercios: de productos frescos ecológicos

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Sean ecológicas o convencionales, el reparto en tiendas de alimentación es otra forma de comercializar. En la práctica, no hay mucha diferencia entre unas y otras, desde el punto de vista del agricultor, pues de lo que se trata es de cuánta mercancía piden y a qué precio pagan.

Es más rentable llevar 5 cajas de tomates a una tienda cualquiera a 1,5€ el kilo que una sola a la tienda ecológica a 2 € el kilo. Este suele ser el problema de surtir a las tiendas ecológicas, que piden poca mercancía, de manera que hay que valorar si no estamos perdiendo dinero desplazándonos hasta ellas.

¿Qué se puede hacer para resolver esto, teniendo en cuenta que a tod@s nos interesa que el producto se venda en los canales ecológicos? Pues a mí se me ocurre plantear a las tiendas ecológicas que abran su mercado a todo el público, que hagan un planteamiento comercial abierto, dirigido a todo el que pasa por la calle, que dejen de ser sedes de grupos y que sean lo que son, tiendas de alimentación con una característica especial: que los alimentos que venden son ecológicos.

Con ello, hay una apuesta implícita por vender el producto, por hacerlo visible a la calle, a la gente en general. Y en ello va una política de precios acorde al objetivo. Si establecen un diálogo abierto con los agricultores y hablan de los problemas y necesidades mutuos, encontrarán mejor soluciones buenas para ambas partes.

En la mayoría de casos, las tiendas ecológicas están perdiendo el contacto con los agricultores y prefieren depender de distribuidores que traen mercancía de todo tipo todo el año, traídas a veces desde los sitios más remotos (manzanas de Chile, zanahorias italianas - ¿hasta dónde es esto ecológico?) a precios muy altos, con lo cual el precio final al consumidor llega a ser disparatado, lo que se traduce en ventas cada vez más escasas, dada la pérdida creciente de poder adquisitivo de la gente. Al mismo tiempo, los agricultores ecológicos locales tienen mercancía de temporada a precios asequibles y probablemente estén pasando apuros para venderla.

L@s agricultores/as también pueden, por su parte, contribuir a resolver estos problemas, organizándose para suministrar a las tiendas ecológicas. Si un solo agricultor lleva su furgoneta llena de mercancía propia y de otr@s agricultores/as, estableciendo acuerdos en la forma de reparto y en los precios, es más asequible para todos poder vender.

El problema de la comercialización, insisto, es resolver la combinación de precio y cantidad. Manejar cantidades pequeñas es ruinoso, por mucho que pretendamos compensar con el precio, una solución que no es realista.

La solución, si no queremos perder el tren de la comercialización en manos de empresas terceras, que impondrán sus precios sin contemplar nuestras necesidades reales, es buscar soluciones organizadas que desarrollen la venta en circuitos cortos.

E insisto también a las tiendas que dejen de ser nichos elitistas para abrir su oferta ecológica, en sentido amplio – alimentaria, de conciencia y compromiso- a todo el mundo con una actitud más abierta.