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Cooperativas ecológicas: la unión hace la fuerza (o debería)

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Durante los últimos cuatro años de mi etapa de agricultora, pertenecí a una cooperativa de comercialización ecológica: varios agricultores/as nos constituimos en cooperativa y abrimos un punto de venta en un mercado de abastos.

De esta experiencia aprendí mucho y saqué importantes conclusiones sobre el particular. Cometimos aciertos y errores, eso es inevitable, pero en conjunto creo que es una estrategia muy interesante para dar salida a la producción sin hacer grandes inversiones de dinero y ahorrando el tiempo de comercializar en solitario, amén de las ganancias que aporta la venta de productos terceros (alimentos envasados o alimentos frescos comprados a otros agricultores de otras comunidades y que aquí no se producen, como naranjas de Valencia, legumbres de Castilla,etc).

En mi caso, la cooperativa no fue una solución a mis necesidades de comercialización, más que en una quinta parte del total de mi producción. Los primeros años se vende menos, hasta que se hace clientela, y yo ya tenía una producción importante que necesitaba vender, así que los mercados locales siguieron siendo mi principal instrumento de comercialización.

La tarea fundamental de una cooperativa de comercialización debe ser buscar mercado para las producciones de los socios. Eso implica un trabajo de estimación de las producciones que va a haber, o bien una planificación previa de las mismas, y buscar salida para ellas en el mercado ecológico local o nacional, para el consumo o la transformación.

En nuestro caso esto no se dio y lo que ocurrió es que se produjo una situación desigual entre los agricultores, una especie de pulso por meter la mercancía de cada uno en la cooperativa, con el resultado de que se crearon distintos “status”: los que tenían prioridad, los que se tenían que buscar la vida o los que dejaban la mercancía en la cámara sin avisar y luego pasaban a cobrar...

En una experiencia colectiva, o se interioriza por parte de todos el concepto y el sentimiento de “lo colectivo”, el pensar en función del equipo o del grupo, o de poco servirán los estatutos, que están establecidos para dar forma jurídica a la cooperativa y que no pueden prever las múltiples y diversas situaciones reales que se presentan en el día a día, con sus infinitos matices.

Hemos oído tod@s hasta cansarnos eso de que las cooperativas sólo sirven para problemas entre la gente, que no funcionan y terminan fracasando. Y yo pregunto, ¿y andar sol@s, trabajando de manera desproporcionada durante años, simplemente para ir tirando, sin ver expectativas claras, deseando muchas veces que aparezca un trabajo fuera para dejarlo, eso es un camino? ¿Hay algo mejor que podamos hacer, quienes no disponemos de un importante capital para invertir, que unirnos para hacer fuerza?